INGREDIENTES DE UNA BUENA NOVELA

No existe fórmula mágica que tenga como resultado una novela de éxito, ni tan siquiera una novela potable. Pero aún siendo una tarea complicada dar unas pautas que puedan dar como resultado una buena novela, si hay ciertos ingredientes que no deberían faltar en la receta.

A diferencia de las recetas de cocina, la receta de una novela no siempre puede reproducirse de la misma manera ni dará los mismos resultados. Dependerá del cocinero/escritor que la desarrolle y del momento en que lo haga.

Aunque sea difícil escribir esta receta, sí vamos a escozar los ingredientes indispensables que no deberían faltar.

Personajes singulares

Las buenas historias siempre tienen un personaje peculiar e inolvidable. Puede ser por su forma de ser o por su forma de enfrentarse a los acontecimientos de su vida, pero esa singularidad le hace diferente.

Uno o varios conflictos a que desarrollar

 El conflicto es la base principal de cualquier novela, es la masa de nuestra empanada, el alma de la historia. Sin conflicto no se genera interés en el lector pues se trata del elemento catalizador que después de haber obligado al protagonista a elegir su camino, permanece inalterado en su esencia.

Como resultado podemos decir que el éxito de la receta se puede medir por ese poso que el conflicto haya dejado en el lector, que a su vez conllevará una sensación de simpatía o desprecio por el protagonista. Este sentimiento de rechazo o aprecio por el protagonista puede no ser universal, es decir, diferentes lectores pueden tener sentimientos diferentes.

El telón de fondo

 Toda historia requiere de un escenario adecuado, tiene que estar enmarcada (y no solo espacial o geográficamente).

Ese escenario permitirá al escritor mostrar sus capacidades descriptivas aportando ese toque de sabor a la receta.

Siempre es recomendable conocer al dedillo los escenarios en los que se desarrolla la escena, no es fácil describir un lugar en el que uno no ha estado, así que si no se puede conocer presencialmente, conviene documentarse bien sobre el mismo. Cuanto más detalles particulares puedan aportarse, más posibilidades habrá de que el lector consiga trasladarse hasta el escenario.

Tampoco hay que caer en el error de describir al milímetro un escenario porque el exceso de datos puede provocar el aburrimiento del lector. Hay que saber dosificar, escoger lo relevante y aprender a descartar todo aquello que no es necesario.

El emulsionante

 El arte de nuestro cocinero/escritor a la hora de mezclar y dosificar los ingredientes es parte fundamental de cara al resultado final. Ahí entra en juego el estilo del autor, su coherencia, el ritmo que imponga y los matices que consiga destacar.

Un estilo atractivo mantiene el interés del lector, un estilo plano puede aburrir.

 

 

El tempo

 

Ritmo trepidante, ritmo pausado… El concepto del ritmo resulta siempre fundamental. Las buenas historias precisan de momentos altos y momentos bajos, e incluso de momentos críticos.

 

Algunos aconsejan empezar las historias con un hecho transcendental y a partir de ahí manejar los tempos. Esto es una elección muy particular que depende también del género de la novela.